Este texto fue escrito como comentario sobre la lectura del segundo capítulo del libro los Divinos Detalles de Jacques-Alain Miller, titulado “El flechazo de Adán y Eva” en las actividades de lectura de la IPOL en Torino, en marzo de 2025. No habría sido posible sin el apoyo de mis colegas Monica Buemi, Maria Laura Tkach y Sergio Caretto, ni las lecturas compartidas con Sergio Romero.
Voy a exponer los rasgos hallados a lo largo de mi lectura mientras pongo en juego un semblante argentino, usando unos fragmentos de tangos como divertimento.
Me gustaría empezar articulando el consejo clínico que J.A. Miller nos da citando a Nabokov: “Acariciar los detalles” con su sugerencia de “leer la escritura como exégesis”: entonces, leo allí que lo divino no es alcanzable, es sólo acariciable. Me parece una indicación preciosa y sutil que me permite la primera referencia a la danza del tango: la caricia, el abrazo y los detalles sutiles. Pero en esta ocasión, me interesa más usar las letras de los tangos, su poesía y no la danza.
Miller usa a Adán para hablar del amor. Cuando se le presenta Eva, Adán queda prendado de ella y lo expresa con la frase: “ésta, esta vez”. Es muy valiosa la lectura de Rashi acerca de que Adán había tenido experiencias previas con otras criaturas, las cuales, ante este nuevo objeto de amor, languidecen y pierden interés Y entonces Adán se funde en su reacción con el malevo descripto por Enrique Santos Discépolo:
“Te vi pasar tangueando altanera
con un compás tan hondo y sensual
que no fue más que verte y perder
la fe, el coraje, el ansia ‘e guapear.No me has dejao ni el pucho en la oreja
de aquel pasao malevo y feroz…
¡Ya no me falta pa’ completar
más que ir a misa e hincarme a rezar!”Malevaje – Juan de Dios Filiberto y Enrique Santos Discépolo – 1929
Y si miramos la situación del malevo desde Freud, la sexualidad comienza con la perversión. Miller no lo pone en los términos de delincuencia y ferocidad, aunque sí de insatisfacción, por eso Adán no se queda con la cabra. En ese instante empieza a justificar su elección, a producir un saber: “Carne de mi carne”, “Es mi cada una”. La elección narcisista no se deja esperar en el texto, encuentra lo similar. Freud plantea, además, otro tipo de elección: la anaclítica. Pero Adán tiene un problema con eso porque no tiene madre. Entonces, Miller lo resuelve diciendo que lo tomó del Dios Padre, ya que es Él quien le entrega a Eva (La mujer del padre, del otro, como una de condiciones de Freud en sus contribuciones a la vida amorosa). Ambas formas de elección tienen un aire familiar, y “Debemos decir que este aire familiar es lo que, según Freud, está destinado a constituir, para todos, los impasses de la vida amorosa.”
“Fumar es un placer
Genial, sensual
(…)
Y Mientras fumo
Mi vida no consumo
Porque flotando el humo
Me suelo adormecer.Tendido en mi sofá
Fumar y amar
Ver a mi amada
Feliz y enamorada
(…)Dame el humo de tu boca
Dame, que mi pasión provoca
Corre que quiero enloquecer
De placer
Sintiendo ese calor
Del humo embriagador
Que acaba por prender
La llama ardiente del amor”
Fumando espero– Juan Viladomat Masanas y Félix Garzo – 1922
El fetichismo es algo que el tango no deja de lado: un modo de bailar, algo en el ojo o en la mirada, un vestido, hasta una cabeza, si uno se pone creativo. “Dame el humo de tu boca” dice Fumando espero. Humo análogo del brillo de la nariz del fetichista de Freud, en sus características: contingente, fugaz, azaroso, con un desplazamiento significante del objeto que podría satisfacer, pero que como el murciélago de Miller, desaparece a la luz… o mejor dicho, no existe sino como el pene materno.
En el apartado del fetiche, citando a Freud, Miller dice que se goza a partir de un objeto que satisface, haciendo referencia a la matriz imaginaria del niño mamando, que se adormece como el fumador del tango. Pero sobre la relación de la satisfacción y el amor voy a decir algo después. Por otro lado, el objeto debe encontrarse en una persona, con su carácter imaginario y aquí tomo a Tita Merello y su tango emblema “Se dice de mi”. En él, ella enumera una lista de defectos que tomados como fetiche y elevados a lo divino la hacen objeto del comentario de los hombres y la envidia de otras mujeres al convertirse en objeto deseado:
“Se dice de mi
Se dice que soy fiera
Que camino a lo malevo
Que soy chueca y que me muevo
Con un aire compadrón
Que parezco Leguisamo
Mi nariz es puntiaguda
La figura no me ayuda
Y mi boca es un buzón
Si charlo con Luis, con Pedro o con Juan
Hablando de mi los hombres están
Critican si ya, la linea perdí
Se fijan si voy, si vengo o si fui
Se dicen muchas cosas
Mas si el bulto no interesa¿Por qué pierden la cabeza
ocupándose de mí?
(…)
Podrán decir, podrán hablar
Y murmurar, y rebuznar
Mas la fealdad que Dios me dió
Mucha mujer me la envidio
Y no diran que me engrupi
Porque modesta siempre fui
Yo soy así”
“Se dice de mi” – Ivo Pelay y Tita Merello – 1954
Lo que no nos dicen ni Tita ni el fumador es lo que deja en claro Lacan con la mala traducción que engendra el fetiche en el brillo de la nariz. Dato no menos importante ya que pone sobre la mesa todo el peso del funcionar significante para esta operación.
Volviendo al pene materno, el falo se presenta como un recuerdo encubridor que mantiene el pene materno con un velo, pero desplazado, ya que tiene raíces en el registro significante. Aquí vuelve a jugar un papel lo divino, ya que en eso se debe creer, no hay otra forma de hacerlo consistir para su reencuentro. Gardel y Le pera nos dicen que “Siempre se vuelve al primer amor” (Volver – Carlos Gardel y Alfredo Le Pera – 1934). Podemos leer allí la relación amorosa como reencuentro con el objeto perdido.
Con respecto a la satisfacción y el amor, Miller lo pone en estas palabras: “La satisfacción es enemiga del amor”. La insatisfacción es el motor del deseo, y a su vez, en el reencuentro hay algo del objeto que hace diferencia del objeto encontrado. Podemos entenderlo también siguiendo a Miller con los conceptos de valor de uso y valor de cambio: cuando el objeto toma valor de uso, pierde su valor en el mercado. Cualquiera que haya querido vender un coche usado lo sabe bien cuando el valor se mide en dinero. Por fortuna no es esa la medida del amor, por lo menos no siempre.
Si en la relación amorosa se reencuentra algo, quiere decir que lo que se encuentra no es completamente nuevo, lo que denuncia la repetición. Podemos decir que hay reglas que hay que cumplir para que algo ocupe ese lugar especial. Si hay reglas que determinan esa elección sine qua non, como condición de amor, queda en duda la palabra “elección” en la elección de objeto. No se es libre de elegir, sino entre nada y algo con un pedazo de menos. Por esto Miller habla de la elección forzada como modelo de elección de objeto. El sujeto denuncia que hay condición de amor, pero a su vez, no sabe la causa de su deseo.
El flechazo de Adán y Eva, según Miller, nos muestra que el amor nunca es un encuentro perfecto, sino el resultado de una elección forzada, en la que el deseo está siempre en tensión entre el reconocimiento y la falta. Al igual que en el tango, donde la pasión y la melancolía se entrelazan en un baile eterno, el deseo de amor se basa en la repetición y la insatisfacción.
Para terminar, quiero cerrar con una canción que no es un tango, pero que sigue con el espíritu de los argentinos que en parte son Italianos por los abuelos, que me llega a través de mi padre. Paolo Conte en “Azurro” dice:
Azzurro,
il pomeriggio è troppo azzurro
e lungo per me.
Mi accorgo
di non avere più risorse,
senza di te,
e allora
io quasi quasi prendo il treno
e vengo, vengo da te,
ma il treno dei desideri
nei miei pensieri all’incontrario va.
Azzurro – Vito Pallavicini e Paolo Conte – 1968
El tren de los deseos… No sé qué de azul puede tener la carrera de Aquiles y la tortuga, pero resuena en el flechazo de Adán y Eva.